sábado, 4 de febrero de 2017

Violar, violar, que el mundo se va a acabar



(Sura 24:13) “Acaso han traído, para dar de ello, cuatro testimonios?”

Para que una mujer acuse de violación a un canalla, requiere de cuatro testigos. Y como a las violaciones nunca asiste tanta gente, estos criminales operan en la impunidad, con la bendición de la frívola jurisprudencia islámica. Féminas han ido presas por el delito de haber sido abusadas sexualmente, bajo el ignominioso cargo de adulterio. La sharia garantiza sin cuestionamientos la integridad moral y sicológica de las mujeres, con una equidad que los machos repudian, escaldando neumáticos como signo de disconformidad, por todas las callejuelas adoradoras de Alá, ya que piensan que cuatro testigos es muy poco. Con una sapiencia intensa nunca antes vista, el Islam comprende y crea todas las condiciones para el normal e íntegro perfeccionamiento del apetito sexual criminal. Los musulmanes fieles ya compraron perfumes y ron para la otra jarana interminable que le espera en el otro lado, si es que son invitados por su voluble jefe.




De la antología: “Las sotanas de Satán”





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