(Sura 6:125) “A quien Dios quiere dirigir, le abre el pecho para el islam. A quien Dios quiere extraviar, le hace un pecho estrecho, angosto,”
(Sura 7:179) “Hemos creado para el infierno a muchos genios y a muchos hombres;”
I
¿Por qué Alá no le ensancha el pecho a toda la humanidad de una buena vez y así se termina con las represiones coránicas, las diferencias de credos y todos los entuertos?
¿Para qué una islamización agresiva, a punta de escopeta?
¿Para qué ofrecerles el infierno a los peatones si es el Clemente quien elige a sus retoños, caprichosamente?
¿Para qué la sharia y tanta insistencia y tanta severidad?
¿Por qué el cruel Alá extravía a muchos estrechándoles el pecho y castigándolos por siempre sin posibilidades de revertir la fatal situación, predestinada por él mismo?
¿Para qué tanto salvajismo si Alá puede abrir y dirigir los pechos al Islam, y hacer de la tierra un jardín de rosas?
¿o la barbarie es la médula en la agenda del Clemente?
Alá crea a los débiles, les cierra el pecho, los mortifica aquí, les erige un ardoroso infierno para que residan allí por una eternidad como condena, sin reversa, y lo disfruta. Alá es quien abre los pechos y la mente a la infidelidad.
Es Alá el fabricante de herejes y traidores, entonces. Alá te crea un pecho angosto y después te machaca. Algo huele mal con los inocentes predestinados a sufrir. Gloria al genuino Misericordioso, al Indulgente.
II
Es sólo Alá quien determina, quien predetermina quien marcha al edén y quien no, a quien bendice y a quien no. Irrelevante es lo que hagas o lo que prediques o lo que ames o a quien asesines, porque Alá, lo tiene todo absolutamente predestinado. La historia es de Alá, el fin de todo es de Alá, y ningún pajarraco o arcabuz alterará en un ápice el rígido plan perfecto de Dios, escrito con letras de acero, hace demasiados siglos, oscuros y desmotivantes. Así, el celo fundamentalista sobra, es una cuchufleta. A hombres honestos y trabajadores los predestina al fuego eterno del infierno y a otras congojas menores.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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