(Sura 2:193) “Matadlos hasta que la persecución no exista”
Las viñetas sobre Mahoma fueron ofensivas y los musulmanes saltaban, de tanta ira. El ex-nazi y papa Benedicto XVI emitió su personal opinión y los musulmanes se rasguñaban, de tanta ira. En el mundo islámico se ofende a judíos, cristianos y otros, y ningún imán se lanza del noveno piso en señal de protesta, por los tantos insultos arrojados a todo lo que no es musulmán. Por los niños esclavos de Pakistán no realizan una marcha tibia, no emiten sus famosas condenas de muerte. Más decencia hay en un cabrón con precios populares. El matarlos a todos es la utopía viviente del musulmán ardoroso. Lo otro es elocuencia estéril, un discurso progresista barato. La religión de Dios se impondrá hasta que los injustos no existan. El hiperquinético y rojizo sable de Alá no pestañea y el destino sacro del infiel es partir al más allá taladrado.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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