jueves, 2 de febrero de 2017

El ermitaño


(Sura 3:57) “Dios no ama a los injustos”

Dios no ama a los injustos ni a los infieles, ni a los soberbios ni a los incrédulos. Como todos hemos sido infractores en disímiles niveles, entonces Alá no ama a nadie y posee menos amor que un dictador desequilibrado en apogeo. Nadie se salva, ni el Enviado. El otro día vi al Misericordioso solitario como un travesti pobre y anciano, en el paradero del mito requiriendo inútilmente que lo adoren sin tanto miedo y ojala libremente. Agradar a Alá es un desafío demencial y no toma como amigos a cristianos y judíos, debido a su fenomenal resentimiento y amargura. ¿A cuántos miles de millones Alá no ama, sumando todo? Alá no ama a nadie, nadie ama a Alá, ni los perturbados rocosos ¿Cómo Alá podría amar a los injustos? Sería una incoherencia aterradora. El esquizofrénico Alá no sabe lo que es el amor puro y sincero, y sólo conjetura, y de esta manera, una que otra aleya acierta en algo, entre tantos intentos.




De la antología: “Las sotanas de Satán”





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