sábado, 4 de febrero de 2017

El Estado es un súbdito más



(Sura 6:58-59) “Dios os manda que devolváis los depósitos a sus dueños, y cuando juzguéis entre los hombres, que juzguéis con justicia. ¡Que bello es lo que Dios os manda! Dios es oyente, clarividente. ¡Oh, los que creéis! ¡Obedeced a Dios, obedeced al Enviado y a los que ostentan poder entre vosotros! Si disputáis por algo, llevadlo ante Dios y el Enviado, si es que creéis en Dios y en el último Día. Eso es mejor y de más bella interpretación.

I

El Estado, prodigioso instrumento de Alá, lo regirá todo y a todos y te rotulará con afecto como comer, como copular, como rezar, como vestirse, como pensar, como defecar, como celebrar, que sentir, que no sentir, que no tocar, que no mirar, que no oír y todo lo demás. La libertad personal es un engendro de la curiosidad insana. Separar al Estado de la religión es una blasfemia irritante, digna de una lapidación en cámara parsimoniosa. Dios no cede, Dios no pacta, Dios no firma acuerdos. Ateos, esotéricos, bisexuales, cerveceros, fornicarios, burreros y los otros esperpentos, que se formen delante de mi cimitarra. La libertad personal es un engendro de la lujuria.

II

La clase dominante es la que mejor entiende la Palabra del Señor, es la que ha estado en los zapatos del Enviado. El pueblo escuchará, se callará y rezará, y cualquier interrogante compleja se considerará un atrevimiento, o tal vez una blasfemia, a castigarse con furor. Así, la clase gobernante continuará siendo la clase dominante y al Todopoderoso le veremos realizado, cantando, recostado en una tumbona. La clase dominante sabe lo que hace y usa lo sagrado perversamente, para clavarse en el poder. Gloria a ese Misericordioso que es parte de la aristocracia.





De la antología: “Las sotanas de Satán”





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