jueves, 2 de febrero de 2017

La flamante libertad de conciencia islámica


(Sura 5:40) “¿No sabes que Dios tiene el señorío de los cielos y de la tierra, castiga a quien quiere y perdona a quien quiere?”

El apostatar públicamente del Islam es muy respetado. Si una mujer arroja su velo a la basura, su esposo y varones aceptan su decisión, sin chistar. A los misóginos, tocados, homofóbicos y odiosos, los azotan. Al que promueve el ateísmo no lo queman vivo. Nadie visita una comisaría por reírse del ininteligible Corán, nadie es abofeteado por insultar al sañoso Profeta. Los homosexuales no son sancionados ni colgados en la plaza. A los camisas pardas que odian al otro por su distinto credo, raza, ideas o pecaminosidad privada, son linchados por cerdos. La omnisciente sharia rara vez es ambigua o angustiante. Al machista retardatario lo reprimen con gas mostaza. El término ablación se retiró de todos los diccionarios. Los sensatos que defecan sobre los hadices son alabados. Jamás el petróleo silenciará los atropellos canonizados. Los occidentales no se autocalifican de ingenuos frente al Islam y todas sus singulares ocurrencias. El que reniega de Mahoma captura grandes premios. La fatwa que fusilará a la piedra negra se redacta despacio. Viva la libertad de cultos y las otras, agraciados hermanos. Eso sí, Alá perdona y apalea a quien quiere y cuando quiere, y si no te gusta el credo y sus antojos, huye ahora en un camello de carrera, sin que te vean, con una burka sexy.



De la antología: “Las sotanas de Satán”





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