(Sura 2:228) “; pero los hombres tienen sobre ellas preeminencia.”
I
La mujer idolatra al Islam y a la sharia.
Ella progresa globalmente, desde su bello rincón.
El Corán es el padre, la sharia la madre.
Todo lo demás es orfandad, un ardid liberal.
El talento de las damas se explota al máximo,
ninguna competencia femenina es desperdiciada.
La burka es un célebre agasajo del Señor,
y camina de la mano con la informática.
II
Las mujeres son imbéciles, dijo el Profeta.
¿Y quién fue el imbécil que las creó?
El testimonio judicial de una señora casta y genial
vale la mitad que el de un hombre mentiroso.
La jurisprudencia islámica les da felicidad emocional, sexual,
espiritual, laboral e intelectual. El Profeta es insuperable.
Probado, no existe la doncella inteligente,
por lo menos entre las creyentes en Alá.
La mujer desobediente a su marido,
heredará maldiciones y el infierno, como mínimo.
En su estilo, el Islam aprecia a las mujeres,
y las maltrata y las mata sólo cuando es necesario.
Para el hombre, el cielo es una orgía de sexo.
¿Cómo se describe el sensual edén para las damas?
Es más fácil ver un mojón en la sopa
que a una mujer liderando una mezquita.
Una empresaria o una científica son un peligro público.
Alá, es el único tirano y machista enfermizo, y estólido.
La dama tapará su rostro con su velo
y con lentes oscuros grandes sus ojos y frente.
III
Cuando una mujer es arrestada o humillada o atropellada o asesinada en un estadio en Afganistán, piensan que se hace la voluntad del Misericordioso. Las marchas de protesta en los países islámicos por estas barbaries fueron pocas, pero bulliciosas y dignas.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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