viernes, 3 de febrero de 2017

Tan vampiresas



(Sura 24:2) “A la adúltera y el adúltero, a cada uno de ellos, dadles cien azotes.”

I

Si el adulterio continúa siendo popular es porque cien azotes son muy pocos. ¿Más eficaz no sería el otro castigo de condenarla a cadena perpetua en su habitación? Entre el rebenque, los bastonazos, la reclusión y la horca, Dios santificaría a sus ovejas, con dedicación. Como el torpe de Alá no posee poderes para enjabonar el alma humana su única alternativa es la crueldad y la amenaza delirante, porque sabe que es un dios fracasado y arruinado. Más amor hay en la CIA y en la KGB que en el Clemente. Él dice ser muy indulgente, antes de flagelar. La inmisericordia no ofende a la divinidad lunar y la justicia solicita que se desintegre el Corán, a la brevedad. Ni mil golpes suprimirán la lujuria de los fieles musulmanes ¿Y cuántos azotes le dan al pedófilo sacro, al descarado que se casa con una menor de edad públicamente? El azote es su delicia y los musulmanes millonarios y poderosos copulan con demencia, sin una fina selección de las hembras coquetas de turno que eligen, y nadie ni nada los toca, porque son millonarios. Los deslices sensuales de los jeques y poderosos son verdaderas aventuras de pasión y divertido desenfreno.

II

Tantos latigazos de Alá le dieron a la nigeriana que le borraron la espalda, por un falso adulterio que fue violación. Expiada y con la espalda carmesí reanudará su abyecta existencia dentro de una zarzamora con clavos, que podará su piel. Asesinar o torturar a una supuesta adúltera es asear la ciudad, el alma del rebaño. Otros más sesudos creen que lapidar es más efectivo. Ningún demonio ocultará el rebenque de Alá, siempre lúcido y equitativo, con las mujeres sin influencias o pobres. El Profeta era un mujeriego divino.




De la antología: “Las sotanas de Satán”





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