(Sura 17:58) “No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del día de la Resurrección.”
(Sura 47:35) “¡No seáis débiles!¡No pidáis la paz mientras sois vosotros los más fuertes!”
I
La cosmovisión universalista es nítida y consiste en aniquilar sin vacilaciones a todas las localidades que no ansíen adorar a Alá, con las pupilas en La Meca. El terrible tormento profético fue históricamente muy seductor. Fueron pocos los que se resistieron a las exhortaciones preventivas del califa, con un cuchillo en el cogote. Mahoma se retuerce en su tumba por las multitudes de irreverentes que aún no se doblegan ante el Corán, complacidos de no haber nacidos en la kaaba u otro. El que no le atraviesa una lanza a un infiel es un pérfido capón, y se condenará.
II
Los musulmanes sí atacarán cuando tengan posibilidades ciertas de una victoria militar, mediante la yihad. Por mientras: predicarán de la paz y la condescendencia; participarán del diálogo interreligioso manipulando a los tontos útiles y progresistas de occidente; firmarán todo tratado de concordia; justificarán lo injustificable y cantarán el himno de la alegría de ser imperioso. La teología de la guerra, de la yihad, es una sola y es bastante clara, si sabes leer. El islamismo es el propio Islam. No todos son iguales ante el Misericordioso. Se discrimina por sexo, religión y opinión, a lo menos. Alá se limpia el culo con la ensalzable constitución política nuestra.
III
Occidente es nuestro monstruo mortal y hostil, nuestra putrefacta y permanente amenaza. Si no exterminamos al monstruo por cualquier vía, éste nos masacrará a nosotros tarde o temprano. Uno de los dos sobrevivirá y el otro perecerá. No hay territorio para que los dos convivamos. Si no luchamos, el reino de Dios peligra. Si no dinamitamos, la identidad del débil Dios peligra. Cada musulmán debe ser un misil integral o nada. Nuestras fallas no son nuestras, son de ellos. La controversia civilizada es turbulenta y nociva. La cordura es nuestro monstruo mortal. Todo lo que no se subyugue al Clemente debe ser aniquilado sin dilaciones o disertaciones necias. Muerte a todo lo que no sea musulmán.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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