viernes, 3 de febrero de 2017

Bienvenidos a la zatara



(Sura 7:94) “No hemos enviado ningún profeta a un pueblo sin castigar a sus habitantes con indigencias y calamidades, esperando así que ellos, tal vez, se humillasen.”

La carta de presentación de Alá es la indigencia, la calamidad. Y si se convierten al Islam les espera la otra calamidad, la peor: el Corán. Le abren el entendimiento a cuchillazos, con fe, previniendo cualquier brote de rebeldía. Este y no otro, es el caritativo estreno del Altísimo. Vivir y fallecer al lado de Alá es indigencia y calamidad. El Clemente le abre el pecho al Islam a quien quiere, siempre que el sable esté bien afilado. Algunos sensatos prefieren desangrarse que tener como profeta a un desequilibrado prominente. ¿Qué sería de Alá sin la coerción de la calamidad y sus otros manjares eficaces?





De la antología: “Las sotanas de Satán”





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