(Sura 4:34) “A aquellas de quienes temáis la desobediencia, amonestadlas, confinadlas en sus habitaciones, golpeadlas.”
I
Una esposa píamente golpeada es una esposa fiel, devota y muy dedicada a sus hijos. Una fémina correctamente machacada es un ejemplo para las demás, para las descarriadas. Una mujer encarcelada en su cuarto todo el día es un faro que alumbra inclusive a las americanas liberales. Un golpe bien dado en la nuca o en la yema de los dedos, dignifica al Clemente y sus proyectos. La lúcida pateadura a la mujer se realizará con la mente puesta en la grandeza de Dios, desmarcándose de cualquier inclinación egoísta o terrenal.
II
Mi abuelo disciplinó a su esposa a golpes.
Mi padre disciplinó a su esposa a golpes.
Yo discipliné a mi amada esposa a golpes.
Mi hijo disciplina a su joven e idealista esposa a golpes.
Jamás abdicaremos a la infalible disciplina del Profeta;
en la mezquita somos reconocidos como arquetipos de la fe.
Desde la inconfundible óptica de la ley islámica,
veneramos los derechos básicos de la mujer.
Una golpiza virtuosa ensalza los preceptos del Clemente.
La mujer es lo que es nomás.
Los puñetazos se efectuarán con una sabiduría eternal.
III
Debajo de este velo islámico hay un cabello que quiere salsear, reír, cambiar de forma, de color. Si le muestro mi negro pelo a los cuatro vientos, a las nubes, el Misericordioso se va a enfurecer. Paradojalmente, Dios me dio un cabello lindo que escondo bajo el cogitabundo velo islámico. También deseaba ser empresaria o laboratorista, mas me recluyeron en los suburbios de la casa. La primera esposa del Profeta era empresaria y no utilizaba el denigrante velo islámico.
IV
La mutilación genital femenina incrementa la dulzura en las damas, la pasión por la vida, la risa sana. La mutilación genital femenina es un orgullo en el credo del país, una corrección al cuerpo de las señoritas, una alabanza al Misericordioso.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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