(Sura 8:1) “Los botines son de Dios y del Enviado”
I
Asaltaba las caravanas de los mercaderes con el visto bueno y el mismo brazo de Dios. Financió así la obra misionera de Medina: al que se oponía lo dividían en dos o más. Cierto tipo de saqueos son beatíficos, el delincuente mahometano es luminoso. A estas fechorías las cepilla la gran causa, el fiel que despoja por Alá no es un tramposo. La camorra oficial de Dios habita en el misticismo.
II
En el reparto del botín incluía a sus leales, a los que recompensaba jugosamente. Si bien Mahoma se hizo un multimillonario desvalijando y oprimiendo al prójimo, siempre agasajó a sus pandilleros laboriosos y consagrados a la insuperable causa. El Profeta siempre canceló los bonos de producción y era generoso con los facinerosos y rateros comprometidos con él. El único método digno para cubrir los gastos operacionales de la obra misionera del Clemente era el crimen beato, bañado con el agua bendita del meteoro. Todo lo demás es verborragia, perisología. El Enviado se urgía más por el botín que por ser un inmaculado de Alá. En el botín profuso mora la única gloria.
De la antología: “Las sotanas de Satán”
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