viernes, 3 de febrero de 2017

La otra cara del Clemente


(Sura 4:56) “Realmente, a quienes no creen en nuestra aleyas, les quemaremos en un fuego, y cada vez que su piel se queme le cambiaremos la piel por otra nueva, para que paladeen el castigo.”

I

Cambiarles la piel quemada una y mil veces para que paladeen este castigo, bien condimentado. El repugnante sadismo de Mahoma es ilimitado. Nadie creerá que esta aleya corresponde a un ser normal, ni con golpes, ni con pesadillas, ni con coacciones. El pirómano de Alá te quema incesantemente, cerciorándose personalmente de que tu tormento sea insufrible. Ya que el lerdo Alá no persuadirá al incrédulo por las buenas, le da el don del aceite hirviendo continuo como chalet. Nadie sobrepasará al Clemente en bestialidad, jamás. A estas alturas Satanás es un aprendiz de boy scout. Alá salta como un niño cuando alguien es carbonizado un cuatrillón de veces, allá en la eternidad. Con las fogosas aleyas la barbarie tocó techo, se lució.

II

Si dialogo calmosamente con mi contendiente pierdo,
si converso mucho con ellos me doy vuelta.
Lo prudente es esconderse en un túnel,
no observar demasiado, apagar el televisor.
Las interpelaciones del amor y la razón ensalzan mi hedor.
Un musulmán con anteojeras de burro camina más.





De la antología: “Las sotanas de Satán”





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