sábado, 4 de febrero de 2017

La tumba me llama con un megáfono



(Sura 2: 244-245) “Combatid en la senda de Dios y sabed que Dios es oyente, omnisciente. Quien presta espontáneamente dinero para la guerra santa a Dios, Éste se lo duplicará muchas veces.”

La voz de mi hermana muerte me solicita ahora, sólo a mí, con una onda algo celestial. Al frente está la muerte, la morada grana eterna. El explosivo es la alfombra voladora al edén, y las esquirlas son los suspiros de la palabra divina. No reflexionaré, sólo me iré. No me autocriticaré, sólo me elevaré. Soy un pío instrumento de los encumbrados que no se arriesgan mucho, un cándido que obedece ciegamente a esos ideólogos chiflados que sólo vomitan balas dementes y virolas. Pensar dos veces es pensar demasiado, es extraviarse. El cementerio es el padre espiritual del Islam y la guerra santa sólo es un gran negocio, en el cual al que colabora lealmente con un dólar, Alá le duplicará la inversión muchas veces. Así lo prometió el islamista Clemente en su sura y los negocios son negocios, por proféticos que estos sean. Invertir peniques en una masacre santa son mil puntos a favor. Invertir en sangre siempre es invertir bien. Las acciones de la guerra santa siempre se transan bien.





De la antología: “Las sotanas de Satán”





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