(Sura 11:121) “¡Obrad según vuestra posición!”
Antes de ser tan ensalzado, Alá era un dios pagano preislámico más, el umbrío dios de la luna, adorado por los fetichistas de esos años. El beato asaltante de caravanas puso a esta deidad sobre todo lo demás, masacrando a todos los otros ídolos con esa tolerancia religiosa inconfundible de los musulmanes. La tenebrosa imagen de la luna creciente los identifica en todo lugar y es una fracción de su religiosidad. Al pagano y popular dios sol lo dejaron atrás porque alumbraba un poco más. La luna menguante vale más.
De la antología: “Las sotanas de Satán”

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