viernes, 3 de febrero de 2017

Arrinconando la incredulidad



(Sura 8:12) “¡Arrojaré el pánico en el corazón de quienes no creen!¡Golpeadlos encima del cuello!¡Golpeadlos en las yemas de los dedos!”

Dios le reveló al Profeta el sendero para sembrar el pánico entre los ateos. Se les golpea en la nuca y en los dedos, se les trata con severidad y se les mata. Como esta es la decisión expresa del Altísimo, nadie modificará el formato, nadie, ni siquiera un enjambre de ulemas. El pánico arrojado por el Clemente ha sido tan efectivo, que hoy el escepticismo es una pieza arqueológica. Es Dios quien le cierra el pecho al Islam a quien quiere, lo que implica que el autor de la incredulidad es Él mismo: que ironía. Es casi imposible armar incoherencias de éste calibre: se requiere del apoyo sobrenatural de Satán. Es Alá quien abre el pecho al Islam, cuando amanece llano. Alá engendra al ateo y después lo castiga, por ser ateo. Si Alá no te abre el pecho al Islam, serás un incrédulo, y si eres un incrédulo, te harán papilla. El Islam es el más nefasto de los tangos y tongos. Alá odia el ateísmo, que él inventó.




De la antología: “Las sotanas de Satán”





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